Cómo hablamos
Con explicaciones concretas sobre materiales, ensambles y mantenimiento. Sin promesas vagas ni adjetivos que no se puedan verificar en el taller.
Escritorios, bibliotecas y mesas que cambian de función según el momento del día. Acá se ve cómo cada tipología responde a un ambiente real: el paso que hay que liberar, el orden que falta, la superficie que necesita otra altura.
Cada etapa de Modo Objeto dejó una pieza que todavía usamos como referencia. No hay una línea recta: hubo pruebas que salieron mal, mecanismos que hubo que rehacer y decisiones de taller que cambiaron el rumbo de una colección entera.
2016
Armamos un prototipo con bisagras de piano embutidas y un contrapeso de prueba para un departamento de dos ambientes en Almagro. La tapa bajaba de golpe: nos llevó cuatro versiones de pesas calibradas lograr que el descenso fuera parejo en todo el recorrido.
2018
Un cliente necesitaba separar el living del escritorio sin obra. Resolvimos un panel de tres metros con rieles de acero embutidos en el piso. Aprendimos ahí que los topes finales son tan importantes como el rodamiento: sin ellos, el panel golpea la pared al llegar al extremo.
2020
Empezamos a trabajar con uniones desmontables de pasador y guía para mesas que se dividen según el uso del día. Cada mitad conserva sus propias patas, así que calculamos la estabilidad de cada módulo por separado antes de unirlos.
2022
Mudamos la producción a un galpón en Palermo donde podemos probar cada mecanismo con carga completa durante semanas. Ese espacio nos permitió documentar mejor los ensambles y ajustar tolerancias por debajo del milímetro.
2024
Reunimos los proyectos en tres familias: escritorios plegables, bibliotecas deslizantes y mesas modulares. Cada ficha describe materiales, dimensiones generales y criterios de mantenimiento, sin datos de clientes ni promesas que dependan del uso real del mueble.
Modo Objeto no nació de un plan de negocios, sino de una serie de problemas concretos que fuimos resolviendo en el taller de Thames 846. Cada etapa dejó una decisión técnica que todavía sostiene la forma en que trabajamos.
Primeros encargos
El primer pedido fue un plano de trabajo que desapareciera al terminar la jornada. Ahí apareció la idea del contrapeso oculto: bajar la tapa sin esfuerzo y dejar una biblioteca baja en su lugar.
Bibliotecas correderas
Empezamos a embutir rieles de acero en el zócalo para que una biblioteca completa corriera sobre el piso y liberara el paso. Aprendimos a nivelar con tornillos de regulación antes de fijar el panel, porque dos milímetros se notan a los pocos meses.
Mesas modulares
Diseñamos uniones desmontables con pasador y guía para mesas que se dividen en dos. Cada mitad conserva sus propias patas, así que calculamos la estabilidad como si fueran muebles independientes.
Ensayos en taller
Incorporamos una rutina de ensayo: cada sistema corredero se prueba durante semanas con los estantes llenos. El comportamiento cambia cuando el peso es real, y preferimos descubrirlo acá y no en casa del cliente.
Acabados reparables
Después de ver cómo envejecían las piezas en uso diario, dejamos los barnices de alto brillo y pasamos a aceites duros. Se pueden retocar sin desmontar el mueble y toleran mejor los roces de todos los días.
Hoy
Organizamos el trabajo por familias: escritorios plegables, bibliotecas deslizantes y mesas que cambian de altura o de superficie. Cada pieza nueva parte de una necesidad concreta y se documenta con materiales, dimensiones generales y pautas de mantenimiento.
Un estudio de Buenos Aires que diseña y fabrica muebles donde el mecanismo no se esconde por capricho: se esconde porque resuelve un problema de espacio real.
Trabajamos en Thames 846, en un taller donde conviven la carpintería de precisión y el armado de herrajes. Cada escritorio, biblioteca o mesa que sale de acá pasó antes por una mesa de dibujo, por pruebas de carga y por ajustes que solo se notan cuando el mueble está en uso. No vendemos catálogos cerrados: partimos de cómo vive la gente en un ambiente chico y de qué necesita que pase ese mueble durante el día.
Nos eligen personas que necesitan liberar paso en un departamento, ordenar sin sumar volumen y adaptar una misma pieza a dos o tres funciones. También profesionales que buscan una pieza a medida y quieren entender cómo está construida antes de encargarla.
Con explicaciones concretas sobre materiales, ensambles y mantenimiento. Sin promesas vagas ni adjetivos que no se puedan verificar en el taller.
Para quien vive en pocos metros y no quiere renunciar a un mueble bien hecho. Para quien necesita una pieza a medida y valora saber qué hay adentro.
Cada mecanismo se prueba con carga real antes de entregarse. Si el recorrido no es fluido o la junta no cierra, el mueble no sale del taller.
La estética sobria aparece después de resolver la función. Un mueble transformable primero tiene que funcionar todos los días; recién ahí buscamos la forma.
No prometemos resultados que dependan del uso o del espacio de cada casa. Tampoco copiamos piezas de catálogo: cada proyecto se ajusta a su lugar.
Escuchamos cómo se usa el ambiente hoy y qué debería pasar mañana. De ahí salen las decisiones de plegado, deslizamiento o módulos separables.